domingo, 20 de mayo de 2012

Astronomía en la Pontificia Universidad Católica de Chile








El Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Pontificia Universidad Católica de Chile es parte de la Facultad de Física, y tiene como sus principales misiones tanto el desarrollo de investigación de punta en Astrofísica, como la docencia a nivel de pre- y postgrado. Los miembros del departamento realizan investigación en una variedad de temas, los cuales involucran desde las estrellas más cercanas hasta las galaxias más lejanas en el Universo.
En el departamento se desarrollan investigaciones tanto teóricas como observacionales. Gran parte de las últimas hace uso de los telescopios instalados en el norte de nuestro país, en los cuales los astrónomos chilenos tienen garantizado un 10% del tiempo de observación. Ejemplos de los telescopios a los que el departamento tiene acceso son los cuatro telescopios VLT en Paranal, Gemini South en Cerro Pachón, los dos telescopios Magallanes en el Observatorio Las Campanas y, en el futuro, al interferómetro sub-milimétrico ALMA en el llano de Chajnantor.
El Departamento está constituido de 16 profesores, 13 investigadores postdoctorales, más de 20 estudiantes de postgrado y 9 integrantes de apoyo técnico y administrativo. Mantenemos estrechas relaciones con investigadores del Departamento de Ingeniería Eléctrica y del Departamento de Física, lugares en los que se realiza investigación complementaria en instrumentación astronómica y relatividad general.


Académicos:
• Dr. Andreas Reisenegger. Prof. Titular, Ph.D. Caltech, Estados Unidos. Director del Departamento de Astronomía y Astrofísica.
• Dr. Manuela Zoccali. Prof. Asociado, Ph.D. Universita degli Studi di Padova, Italia.
• Dr. Hernán Quintana. Prof. Titular, Ph.D. Cambridge University, Inglaterra.
• Dr. Thomas Puzia, Prof. Asistente, Ph.D. Ludwig-Maximilians-Universität München, Alemania.
• Dr. Nelson Padilla. Prof. Asociado, Ph.D. Universidad de Córdoba, Argentina.
• Dr. Dante Minniti. Prof. Titular, Ph.D. University of Arizona, Estados Unidos.
• Dr. Andrés Jordán. Prof. Asistente, Ph.D. Rutgers University, Estados Unidos.
• Dr. Leopoldo Infante. Prof. Titular, Ph.D. University of Victoria, Canadá.
• Dr. Gaspar Galaz. Prof. Asociado, Ph.D. Université de Paris, Francia.
• Dr. Rolando Dünner, Prof. Asistente Adjunto, Ph.D. PUC, Chile.
• Dr. Jorge Cuadra, Prof. Asistente, Ph.D. Ludwig-Maximilians-Universität München, Alemania.
• Dr. Alejandro Clocchiatti. Prof. Titular, Ph.D. University of Texas, Austin, Estados Unidos.
• Dr. Julio Chanamé. Prof. Asistente, Ph.D. Ohio State University, Estados Unidos.
• Dr. Márcio Catelan. Prof. Titular, Ph.D. Universidade de São Paulo, Brasil.
• Dr. Franz Bauer. Prof. Asistente, Ph.D. University of Virginia, Estados Unidos.
• Dr. Luis Felipe Barrientos. Prof. Asociado, Ph.D. University of Toronto, Canada.


Académicos de otros Departamentos de la Universidad con intereses de investigación en Astronomía y Astrofísica:
• Dr. Jorge Alfaro. Prof. Titular, Departamento de Física.
• Dr. Max Bañados. Prof. Asociado, Departamento de Física.
• Dr. Andrés Guesalaga. Prof. Titular, Departamento de Ingeniería Eléctrica.
• Dr. Dani Guzmán. Prof. Asistente, Departamento de Ingeniería Eléctrica.
• Dr. Leonardo Vanzi. Prof. Asistente, Departamento de Ingeniería Eléctrica.



Astrónomo de la PUC: Hernán Quintana


Desde su regreso a Chile, aportó con fuerte dinamismo al desarrollo de la astronomía de la UC y de Chile. La peleó y la ganó. Sus temas más publicados tratan la elasticidad de la relatividad general y las estrellas de neutrones, los cúmulos y los supercúmulos de galaxias, y la aún indescifrable materia oscura.
Autor de una honda mirada a las grandes estructuras del Universo
Por Lilian Duery A.

El profesor Hernán Quintana, 67 años, tiene mucho que contar. Fue el primer director del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la UC, cuando nace éste en 1996, año en que se adjudica la Cátedra Presidencial en Ciencia, reconocimiento que recibe por segunda vez en 1999. Fue impulsor y protagonista de una serie de acontecimientos que llevaron al desarrollo de esta ciencia en la UC, quehacer que partió con un primitivo observatorio en el Cerro San Cristóbal en los años 30.



En sus prolíficas investigaciones, ha explorado la física del Universo y sus grandes estructuras. Ahora está dedicado, entre otros temas, al estudio de los supercúmulos de galaxias, en particular el “supercúmulos de Shapley”, que contiene la mayor concentración de materia en el Universo cercano.
Durante su doctorado en Cambridge, Inglaterra, se introdujo en la elasticidad de la teoría de la Relatividad General. Han pasado casi 40 años, y uno de los papers que escribió no sólo sigue vigente, sino que es citado ahora que antes. En este trabajo, describió las ecuaciones de la materia en estado sólido en el espacio-tiempo curvo de la Relatividad General, lo que faltaba abordar.
“Es un tema difícil y de pocas aplicaciones, salvo para las estrellas de neutrones, que son los cuerpos más densos del Universo actual. Antes solo se conocían las que rotan lentamente, unas 30 veces/seg. Hoy se han descubierto otras que rotan cientos de veces mas rápido, lo que ha renovado su estudio”, comenta Hernán Quintana.


Con un telescopio manual
Según cuenta Hernán Quintana, la astronomía en la UC surgió en 1929-30. Astrónomos alemanes y chilenos comenzaron a hacer los primeros estudios de estrellas brillantes variables a través de un telescopio donado por un ex alumno a la universidad, Manuel Foster, quien lo compró al Observatorio Lick que lo había instalado en 1902 en el Cerro San Cristóbal. Este instrumento óptico con un espejo de 0,9 metros siguió sus operaciones bajo el mando del alemán Erich Heilmayer, contratado para estos fines y para dictar clases de física. La Segunda Guerra Mundial marcó un silencio hasta los años 80, cuando el telescopio manual reabrió su actividad.
Llegué en esa época, cuando era jefe del grupo de astronomía de la UC, que funcionaba en el barrio de Bellavista. Junto a los estudiantes, empezamos a hacer modificaciones al telescopio, desde agregar un motor para los movimientos finos hasta traer hornos de gases para sensibilizar las placas fotográficas. Logramos mayor precisión y rapidez, y hubo varios papers publicados por el doctor N. Vogt y sus ayudantes, que observaron estrellas brillantes. Como las antenas del cerro San Cristóbal continuaban aumentando, el observatorio se cerró alrededor del 2000. Sin embargo, desde los años 70, los astrónomos siempre teníamos acceso a los observatorios de Las Campanas, de La Silla y del Cerro Tololo, que eran los que yo usaba y sigo usando en la actualidad”, cuenta.
Las estrellas de neutrones son cuerpos cercanos en sus propiedades a los hoyos negros. “Un hoyo negro de tipo estelar (con la masa del Sol) suele tener un tercio del tamaño del radio de una estrella de neutrones”, señala aún muy interesado en esta singularidad del espacio. Como físico se encarga de destacar que, una vez que se forma esa entidad y cae toda la materia a su centro, no hay herramientas ni conceptos que puedan definirla cuando llega a ese estado. “Ni siquiera se puede hablar de materia condensada, porque ésta cruzó un límite conceptual y deja de ser materia normal”, precisa.
“No sabemos lo que ocurre en interior del centro de un hoyo negro. Su fuerza gravitacional es enorme. Es una gravedad cuántica”, añade el profesor Quintana, siempre pausado.
Explica que se obtendría un hoyo negro si se comprimiera la materia del Sol — que tiene un radio de 700.000 km— dentro de un radio de 3 km, En este mismo proceso, al llegar a un radio de 10 km y detenernos ahí, tendríamos una estrella de neutrones.


Hacia lo más masivo
Luego de estas investigaciones y sus trabajos en Suiza, Estados Unidos y Canadá, Hernán Quintana regresó a Chile decidido a continuar el estudio de los cúmulos de galaxias, que se caracterizan por tener más galaxias de formas elípticas que las de forma espiral, que son las comunes. Los cúmulos de galaxias son grandes y potentes fuentes de rayos X, los que sólo se pueden observar mediante satélites.
En varios papers en la década de los 80, midió fundamentalmente sus propiedades ópticas y dinámicas —representadas por las velocidades relativas de las galaxias —, las cuales entregan estimaciones de sus grandes masas, asociadas a las intensidades y las distribuciones de las emisiones de rayos X.
“Nosotros, es decir nuestra galaxia, formamos parte de una gran agrupación de galaxias. Nuestro grupo local de galaxias, unas 30, está en el borde de un supercúmulos de galaxias, que es nuestra agrupación. La parte central es el llamado cúmulo de galaxias de Virgo, a una distancia de 60 millones de años-luz de nosotros”, enseña.
Inmensidades en la inmensidad del Espacio - Cúmulo A3530, miembro del Supercúmulos de Shapley, ubicado unos 650 millones de años-luz de distancia. En su centro, este cúmulo muestra numerosas galaxias, donde al menos tres de las más brillantes están en interacción gravitacional cercana, al punto de mostrar verdaderas colas difusas conteniendo millones de estrellas, producidas por el fuerte efecto de mareas mutuas sumadas a sus velocidades relativas de cientos de km/s

En este momento, Hernán Quintana estudia, junto a su colega Andreas Reisenegger, la definición de supercúmulos de galaxias a base de una caracterización física intrínseca, según el tamaño en el cual estas estructuras están gravitacionalmente ligadas y permanecen así durante la expansión acelerada del Universo. “Las definiciones puramente estadísticas de estas estructuras, muy usadas en el pasado, no bastan”, destaca Quintana.
Por ejemplo, hay supercúmulos que aparecen tener formas de filamentos. “Como el Universo están en expansión acelerada, es posible que estas estructuras —destaca— adquieran estas formas y no se contraigan al seguir la expansión, no quedando ligadas, a diferencia de otras zonas, donde hay mayor concentración de densidad. En este última situación, la estructuras quedan unidas por la fuerza de la gravedad, formando objetos que no participan de la expansión”, explica el astrónomo chileno.
En todas sus investigaciones, el profesor Quintana tuvo siempre la mirada puesta en la materia oscura, uno de los grandes temas de la astronomía que recién comienza a aclararse. La masa de un cúmulo de galaxias revelaba siempre ser alrededor de 20 veces mayor que las mediciones de su materia radiante (estrellas en luz visible y gases en rayos-X).


Algo más del investigador
Hernán Quintana conoció a su esposa, Daniele Biancheri, durante sus estudios en Inglaterra. Hoy ella es Cónsul de Mónaco en Chile. Tienen una hija, Pascale, ingeniero industrial de la UC. Entre sus otras actividades, este astrónomo contribuyó con la preparación del curso de astronomía para la serie televisiva Teleduc. De esta experiencia, surgió su interés por escribir un libro de relatividad para el programa de bachillerato de humanidades, ahora plasmado en un texto didáctico de dos volúmenes, uno de ejercicios y otro teórico, titulado “Espacio, Tiempo y Universo”. En 1996 y 1999, recibió medallas de reconocimiento a su labor en la UC.
“La masa total del cúmulo — aclara— puede medirse en función de la fuerza de gravedad que mantiene las galaxias moviéndose en equilibrio o, como se llama su masa dinámica. Igual para galaxias individuales, en medidas como las curvas de rotación de las estrellas o las velocidades de las galaxias satélites a su alrededor”.
Ese 80% que parece faltar a la masa total, es la llamada materia oscura. Realmente, no es que falte masa, sino que esa masa está constituida por partículas con propiedades diferentes de la materia que forma los átomos normales de estrellas, planetas o de la materia en la Tierra. “Hoy la distinguimos porque tienen interacciones gravitacionales, de allí su masa, y probablemente, fuerzas débiles, pero no tienen cargas eléctricas ni fuerzas nucleares fuertes, que unen los núcleos atómicos”, señala Hernán Quintana.
Cauto y seguro, revela que la materia oscura debería estar compuesta por partículas elementales como leptones o neutrinos pesados, pero aún no descubiertas por la física. El tiempo dirá.

Márcio Catelan

Este astrónomo, 39, brasilero, tiene su mirada puesta en la estructura estelar y su evolución. Su centro de atención son las estrellas pulsantes que, en menos de 24 horas, varían su tamaño y luminosidad. Ellas revelan las reacciones de fusión en su interior.

Cuando la Luz Sopla la Materia
Por Lilian Duery A.


En la periferia de São Paulo, en un vecindario lejano al fragor citadino, había un niño que deseaba alcanzar las estrellas. Trepaba por las noches al techo de su casa para mirarlas, al ojo desnudo; más tarde, a través del telescopio espacial Hubble.
En su vocación no cabía la duda. El juego lo continuó con un compañero de colegio, con quien leía y aprendía para hacer observaciones más acuciosas de ese firmamento luminoso y fascinante. A sus 15 años, con casi perfecto dominio del inglés, escribe a la NASA para solicitar material. Empieza a dar charlas de astronomía en las escuelas Mogi das Cruzes, su ciudad natal. Mostraba los objetos de un universo vivo, en colores, imágenes que aún mantiene.


Márcio Catelan, 39, estudia hoy la estructura de las estrellas de baja masa, como el Sol, y su evolución. Realiza investigación teórica y experimental. Lo sedujeron fuertemente las estrellas pulsantes, con razón, si éstas, al igual que un globo, son capaces de doblar su radio y luego encogerse.
Son tan extraordinarias que todo este espectáculo lo realiza en menos de un día, con grandes cambios luminosos a medida que se contrae.
"Imagínese que el Sol pudiera aumentar su tamaño por la mañana, mientras que, hacia la tarde, contraerse e iluminar mucho más por la fuga de radiación. Es lo que les sucede a estos astros", dice el investigador, con nítido entusiasmo.
A pesar que suelen confundirse con los pulsares, son una clase completamente diferente de objetos. Los pulsares son estrellas de neutrones que ya cesaron sus reacciones nucleares. Son extremadamente compactas, productos de la evolución de estrellas de más alta masa.
"Giran muy rápidamente y emiten una radiación por un cono ubicado alrededor de los polos magnéticos de las estrella. El eje de rotación y magnético son distintos. Por tanto, cuando ese cono de radiación cruza nuestra línea visual, detectemos un brillo débil, que se repite cada vez que la estrella completa un giro en torno a su eje. Por eso, hoy sabemos que la causa de esas oscilaciones periódicas en el brillo de los pulsares es fundamentalmente la rotación, no en realidad pulsaciones", explica.


Periplo hasta Chile
En su formación, parece que este astrónomo pasó por un agujero negro primitivo, como aquél en el que viaja la protagonista del filme "Contacto".
El joven amante del cosmos se fue a la ciudad para estudiar en la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Lo acogieron sus abuelos. Allí consiguió su Licenciatura en Física, luego su Magíster y Doctorado en astronomía. Al final de este paseo intelectual, catapultó con 14 publicaciones indexadas en el Thomson Scientific y otro triunfo: fue galardonado con el primer premio a la "Mejor Tesis de Doctorado" que concede la Sociedad Astronómica Brasilera.
Con tal carta de antecedentes, su próxima escalada sería una vez más la NASA. Postuló a un cargo de Profesor Asociado y fue aceptado. Al tercer, gana una beca Hubble, la de más alto prestigio en astronomía. Se quedó tres años más. Podía trabajar en lo que quisiera y en cualquier lugar, siempre que sus "paseos académicos" fueran dentro de EE.UU.
Como investigador independiente y con un muy buen sueldo, parte del tiempo se lo pasó en la NASA y la otra en la Universidad de Virginia.
La noticia llegó a la prensa brasilera. Una joven de su país, nueve años menor, le escribe para felicitarlo y alegarle cuestiones de sus entrevistas. Continuaron este carteo hasta su retorno. Hoy ella es su esposa, Carolina Ribeiro, tecnóloga médica, magíster en ciencias biomédicas y recientemente doctorada en inmunología en la Universidad de Chile.
La mayor parte de sus observaciones eran hasta entonces espaciales; ahora también desde Tierra. Con dos pos doctorados en manos, postuló a la Pontificia Universidad Católica de Chile Le ofrecieron el cargo de Profesor Asociado. Este rápido ascenso, más los cielos prístinos del norte de nuestro país y toda la parafernalia sofisticada para indagarlo, lo decidieron prontamente.
Y aquí prosigue su vida. Le encanta Chile, pese a conocerlo a vistazos principalmente en medio de los congresos.


Envoltura Estratégica
Y este astrónomo finalmente se convirtió en un "médico geriatra estelar".
Luciérnagas en el cosmos - En medio de un sepulcral silencio y oscuridad, nacen estrellas que hacen al Universo latir y vivir, como las docenas de estas estrellas pulsantes albergadas por este cúmulo globular.



Márcio Catelan explica que las estrellas pulsantes que más estudia, las llamadas RR Lyrae, albergan en los cúmulos globulares, las poblaciones más viejas de astros que se conocen y que se pueden estudiar individualmente. Dichos cúmulos están formados por estrellas de baja masa y éstas son las que predominan en el Universo.
Las estrellas pulsantes tipo RR Lyrae queman helio en sus núcleos y se acercan al final de su existencia. Márcio Catelan cuenta que, como ya tienen del orden de los 10 mil millones de años de edad, sólo le restan unos cientos de millones de años más de vida. Aunque por ser tan viejas - agrega - es que se han convertido en "testigos oculares" de la formación de las galaxias.
Con un estudio cuidadoso de sus propiedades, se puede conseguir información crucial sobre cómo se formó nuestra galaxia en particular.
"En la Vía Láctea hay unas 160 cúmulos globulares de estrellas. Se cree que llegan a 200", precisa el astrónomo, cauto, siempre.
Como las estrellas en estos cúmulos aparecen en grupos muy grandes y homogéneos, en que difieren básicamente en su masa, es bastante más directo hacer una comparación con un modelo teórico de su evolución en el tiempo y calcular su edad", destaca.
La vida de estas estrellas es más longeva, justamente porque son más livianas que las que moran en los cúmulos abiertos, más jóvenes y en la que residen normalmente menos estrellas. Éstas, por otro lado, tienen una vida muy intensa. Son muy brillantes, pero explotan y mueren en breve tiempo. A diferencia de las estrellas de baja masa, pueden eventualmente transformarse en pulsares.
Pero las estrellas pulsantes de baja masa sí son tremendamente útiles. Además de arrojar luz sobre la historia de formación de la Vía Láctea, sirven para medir distancias en el Universo y su actual ritmo de expansión", informa con júbilo este investigador del universo.
Tienen un sello que las identifica. Si caen en el interior de una banda característica para ellas, en función de su temperatura y luminosidad, quedan al descubierto.


Más allá de un paper
La belleza de la arquitectura y los movimientos de las estrellas pulsantes, junto a todo el conocimiento que se ha podido extraer de ellas, quedarán plasmados en un libro que escribirá Márcio Catelan en colaboración con Horace A. Smith, de la Michigan State University. La obra, especializada y en inglés, será publicada por la editora Wiley.
No cualquier estrella llega a ser pulsante. Tal destino depende la masa que va perdiendo en su vida, en su camino hacia la vejez.
Según explica, al enfriarse, pueden crear una zona opaca en sus últimas telas estelares, ni muy cerca de su centro ni demasiado lejos, pero justo lo suficiente para que los fotones originalmente liberados de las reacciones nucleares en el interior estelar profundo puedan empujar como un pistón a la materia allí contenida.
Como esa cáscara es opaca, la luz, que no la puede atravesar, se encuentra con esta muralla, ejerce presión y expande la estrella hasta que se perfora, colapsa y vuelve a contraerse. En este instante, escapa la mayor cantidad de radiación y la estrella alcanza su mayor luminosidad.
Como expresa Márcio Catelan, esto sucede cuando "la luz sopla a la materia"


La intimidad de la fusión
¡Qué mejor objeto para este investigador! Con el palpitar de estas estrellas puede averiguar lo que ocurre al interior de ellas, donde la materia se transforma a través de sucesivas reacciones nucleares. De hecho, según la teoría de la estructura estelar que estudia, las estrellas de esta clase tiene una temperatura interior del orden de los 100 millones de grados Kelvin, pero la capa externa, que vemos, sólo alcanza unos miles de grados.
Esta exploración es posible, porque no es lo mismo una estrella de densidad total homogénea que una con un perfil de densidad entre el centro y su envoltura: las particularidades observadas de la pulsación cambiarán de forma muy importante, de un caso a otro. Son éstas las que se usan para extraer esos secretos íntimos del corazón del astro.


Un año ausente
Este astrónomo nos abandona por un año. Partirá a fines de agosto al Centro Espacial Goddard, que la NASA tiene en Maryland. Es el único profesional de una institución chilena galardonado en 2008 con la beca de la Fundación John Simon Guggenheim Foundation. Será su año sabático. Su itinerario siguiente será la Universidad de Michigan State, el Observatorio y la Universidad de Bolonia, Italia, y la Universidad Federal de Río Grande del Norte, Natal.
Es el llamado método "astrosismológico" que, aplicados a los modelos teóricos, pueden revelar fallas clave en los ingredientes físicos (opacidades, tasas de reacciones nucleares, etcétera) utilizados para la construcción de los modelos. Quizás los mismos puedan dar nuevas señales acerca de la física de fusión, el futuro energético de la humanidad.
Es posible que en miles de millones de años más nuestra estrella, que nos da la vida, siga la misma ruta hasta convertirse en una estrella pulsante. La merma de una masa crítica definirá el rumbo.
"No obstante, el Sol, que parece eterno y siempre majestuoso, tiene una muerte irrevocable, ya anunciada por estos modelos. En unos 4 mil millones de años más, luego de agotar su combustible, hidrógeno, que actualmente consume en su núcleo, iniciará una rápida expansión, en cuyo proceso estará muy próximo de tragar a la Tierra y a todo lo creado por la civilización. Aunque, unos miles de millones de años antes, evaporará a los océanos y, por tanto, acabará la vida humana", sentencia este astrónomo.
Andreas Reisenegger
Cautivado por las estrellas de neutrones, capaces de prender luces que titilan en el espacio, ahora estudia las últimas estructuras que se crearán antes del dominio de la energía oscura.



El señor de los pulsares mira hacia el futuro del Universo
Por Lilian Duery A.


Andreas Reisenegger recibió un mensaje decodificado del espacio. Apenas le hablaron de las estrellas de neutrones, capaces de contener al Aconcagua en una tasa de café, supo que se convertiría en astrofísico.
¿O fue empujado por la fuerza de gravedad de estas estrellas? Es 100 mil millones de veces más grande que la de la Tierra. Si sintiéramos tal atracción pesaríamos millones de kilogramos. Nada nos movería de su lado.
"Supe que podía juntar todo lo que habría aprendido, como fluidos, plasmas, sólido, o física nuclear. Aunque, por otra parte, esas estrellas, con tantos procesos que descubrir, me parecieron objetos muy tangibles", destaca, mientras ríe por lo dicho.
Estaba en el Instituto Tecnológico de California (Caltech). Había partido a hacer su doctorado. Durante el verano, sin clases, visitó a profesores de distintas áreas para tomar una decisión acertada. Y la consiguió.
Era hasta entonces un físico teórico, con la Licenciatura y el Magíster obtenido en la Universidad de Chile. Pero encontraba a esta carrera un poco árida, con muchos formalismos que conspiraban contra su intuición e imaginación.
Más tarde, en el Instituto de Estudios Avanzado de Princeton hizo un posdoctorado y se dedicó de lleno a la cosmología. Hoy, en el Departamento de Astronomía y Astrofísica lleva 12 años. Es Profesor Asociado.
Andreas Reisenegger, 44 años, un santiaguino, pero de ascendencia alemana pura, investiga con notorio entusiasmo las estrellas de neutrones, uno de los estados finales de los astros. Las otras alternativas que tienen son convertirse en una enana blanca, como se estima que será el destino del Sol, o un agujero negro.


Faros en el Universo
Una estrella con masa entre 8 a 30 veces la del Sol puede convertirse en una de neutrones. En nuestra galaxia, se conocen alrededor de 2.000.
Todas nacen a partir de la más magnífica y estruendosa explosión de una supernova.
La Supernova más vista - La imagen muestra la Nebulosa del Cangrejo, el esplendoroso remanente de una supernova que evidenció, por primera vez, el origen de las estrellas de neutrones. En el centro hay un pulsar que gira a 30 revoluciones/seg. Crédito: VLT/ESO



Cuando a una estrella se le acaba el combustible, disminuye la presión interna que la mantenía en equilibrio con la fuerza de gravedad. Entonces su núcleo se contrae y forma un objeto compacto: la estrella de neutrones.
Con esta compresión, se fuerza a los electrones y protones del fierro a combinarse entre sí para que se transformen en neutrones. "Luego viene el efecto de rebote: la presión aumenta y la estrella estalla, lanzando al espacio el resto de la materia", explica el investigador.
"Todo los que se juntó tras una larga evolución estelar ” dice ”, en que se fusionaron electrones y protones para crear núcleos cada vez más grandes, con esta fulminante detonación se desintegra en pocos instantes".
Estas estrellas de neutrones fueron descubiertas en su forma de pulsares, como el que se ubica en la "Nebulosa del Cangrejo", llamada así por el material remanente de una supernova. A pesar de estar situada a unos 6.300 años luz de la Tierra, en la constelación de Tauro, su estallido fue tan fuerte que astrónomos chinos y árabes pudieron ver su luz de día, hecho que ocurrió en 1054.
"Todos los pulsares son estrellas de neutrones, pero no a la inversa", precisa el astrofísico.
Un pulsar es una estrella de neutrones con un campo magnético intenso que gira muy rápidamente. "Como con cada vuelta disparan partículas en una dirección, con pulsos regulares que recibimos, se comportan al igual que un faro en el espacio", destaca.
Sus revoluciones son espectaculares. Pueden dar hasta 716 vueltas por segundo sin que la materia se desparrame como el barro pegado al neumático de una bicicleta en movimiento.
"Para que ello no pase, una estrella de neutrones que gira una vez por segundo debe tener una densidad de 100 ton/cc. Si gira 30 veces/seg, su densidad se multiplica por mil", acota.
Sin saberlo inicialmente, Andreas Reisenegger entregó un gran aporte al entendimiento de un tipo de estrellas de neutrones, llamadas "magnetares", hoy muy populares. Tienen campos magnéticos aún más intensos y, por lo mismo, pierden su energía muy rápido.
Cuando aún no se conocían, él y su profesor del doctorado, Peter Goldreich, estudiaron los mecanismos mediante los cuales puede decaer el campo magnético de las estrellas de neutrones. Dedujeron que este decaimiento puede ser importante sólo si el campo magnético es más intenso que el de los pulsares, los más intensos conocidos hasta la década de los 90.
Los astrofísicos Christopher Thompson y Robert Duncan se basaron en este trabajo para explicar la intensa radiación de dos tipos de objetos que no se entendían hasta entonces: los "repetidores de rayos gamma suaves" y "pulsares de rayos X anómalos". Fue cuando confirmaron que la única fuente plausible de energía en estas estrellas serían campos magnéticos muy intensos que van decayendo en el tiempo.
En gran medida, estas hipótesis fueron ratificadas por observaciones posteriores.
También hay otros clases de pulsares que se forman con menor rotación o campos magnéticos. En la medida que se van enfriando, emiten radiación térmica y, en este proceso, lanzan rayos X al espacio.
Los pulsares y los magnetares son relativamente fáciles de observar. Sin embargo, estos últimos, aunque su tasa de nacimiento puede ser alta, duran sólo unos 100 mil años. Por lo mismo, se detectan pocos de ellos en nuestra galaxia.


Los pulsares viven
La afirmación acerca de que las estrellas de neutrones están muertas, sin reacciones nucleares, no es tan cierta. Fue el otro "gol astrofísico" que dio Andreas Reisenegger.
Los pulsares sí giran rápido, pero cada vez menos rápido. Es decir, el efecto centrífugo que los mantiene abultados va disminuyendo y lo hace contraerse de a poco. Tal acontecimiento los "despierta": obliga a que en su interior se produzcan reacciones nucleares que, aunque lentas, convierten los neutrones en otras partículas.
"Al ocurrir esto, la liberación de energía mantiene calientes a las estrellas de neutrones. Tanto es así que esperaríamos las más viejas conservaran una temperatura superficial de 100 mil grados, mucho más que la que tiene el Sol. Pero, como son pequeñas, su brillo es tenue", recalca Reisenegger.
"Además” advierte”, ese resplandor es principalmente radiación ultravioleta, difícil de detectar porque no atraviesa la atmósfera terrestre. Para verificar esta predicción postulamos con mis alumnos al telescopio espacial Hubble, y aún esperamos", informa.
Según el astrofísico, hay una similitud entre estrellas de neutrones, enanas blancas y astros más masivos que el Sol. Sus campos magnéticos son estáticos.
No el Sol, que va modificando su campo magnético y lo invierte cada 11 años.
Estas estrellas tienen un campo magnético interior que la llevan a este equilibrio. "En eso estoy ahora. Trabajo con Taner Akgün, astrofísico turco doctorado en Cornell y actual investigador postdoctoral de Fondecyt en la UC, y el estudiante de doctorado Alpha Mastrano, de la Universidad de Melbourne, en Australia", acota, convencido de que resolverá tal misterio.


Sentencia de un final
Andreas Reisenegger también está muy motivado con las observaciones que hizo el astrónomo Hernán Quintana acerca del "supercúmulo de Shapley", que contiene la mayor concentración de materia en el Universo cercano.
Está formado por varios cúmulos de galaxias. Es enorme, con miles de galaxias miembros ya confirmadas.
"Me interesan mucho porque son estructuras a medio formar. Estamos mirando y estudiando las últimas grandes estructuras que creará el Universo", destaca, con ímpetu y una cierta aflicción de astrónomo.


Amante de la Música
Este astrofísico parece siempre contento, sólo se muestra adusto cuando hay que tomarle una fotografía. Su semblante emana seguridad en el compartir. ¿Será por su proximidad a la música clásica? Por varios años fue integrante y solista del coro Ars Viva que dirige el maestro Waldo Aránguiz. Estando aún el colegio, llegó hasta el Municipal, donde, junto con la Filarmónica, interpretó el "Réquiem de Mozart". También en el coro conoció a su actual señora, Ana María Butrón, ingeniero civil, mientras cantaban "Un Réquiem Alemán" de Brahms. Tienen dos hijos, Renate (16) y Thomas (13). Sin embargo, otra parte de la respuesta es que Andreas, al igual que el resto de sus colegas de la UC, se siente apasionado con lo que hace. Quizás por eso disfruta tanto de la música igualmente apasionada de los románticos alemanes Schubert, Schumann y Brahms.
Estos supercúmulos están en la etapa de crecer, jerárquicamente, como todo acontece en el cosmos. Su imán gravitatorio todavía atrae a cúmulos de distintos lados para seguir aumentando su estructura. En ellos no domina la fuerza repulsiva de la energía oscura, que acelera la expansión. La materia oscura aún ejerce su dominio.
"En el futuro del Universo, no se creará nada más. Dominará la energía oscura. Cada una de las grandes estructuras formadas del Universo, galaxias y cúmulos de galaxias, se apartarán unas de otras. En el resto del espacio habrá vacío, un vacío sepulcral", expresa con convicción Reisenegger.
Nos quedaremos solos. La Vía Láctea y Andrómeda se fundirán en una galaxia elíptica más grande, mientras el resto se irá alejando. En unos cinco mil millones de años más dejaremos de ver el resto del Universo. Para entones el Sol habrá muerto.
"Estamos haciendo astronomía ficción. A sugerencia mía, mi ex alumno Pablo Araya, hizo simulaciones de la evolución futura del Universo, como parte de su tesis de doctorado en Groningen, Holanda. Estas simulaciones analizadas por un equipo que incluyó, entre otros, a mi estudiante de postgrado Rolando Dünner y a los profesores Andrés Meza, de la Universidad Andrés Bello, y Hernán Quintana, de la UC ”, muestran que este escenario es el nos espera, siempre que el actual modelo cosmológico sea correcto", dijo.
Su última frase: "El 4% del Universo es materia visible; el 23% materia oscura y el 73% energía oscura".
Dante Minniti
Un rastreador de nuevos planetas en la Vía Láctea

Por Lilian Duery A.
Este astrónomo y astrofísico es un buen aventurero galáctico, quizás al estilo de Indiana Jones. Aunque podríamos decir que parte al revés de este personaje, al igual que Venus, el único planeta del sistema solar que rota a la inversa.
Cuando viaja a los observatorios de Paranal o de Las Campanas, unas cuatro veces al año, su misión es explorar un tesoro apreciado en todos los centros astronómicos del mundo, pero que no reconoce hasta que lo encuentra. Tal momento de revelación sucede en Santiago, luego de meses de investigación.
Los grandes telescopios, el VLT o el Magallanes, le muestran líneas espectrales, miles de datos que analiza en su escritorio, de regreso a la ciudad que le esconde un cielo despejado y atiborrado de estrellas. Aquí comienza su hazaña.


Para Dante Minniti, profesor titular, observar es un "break" que le hace muy bien. "Es una ventaja que tenemos los astrónomos para desenchufarnos de la oficina, partir a la punta de un cerro y concentrarnos en el espacio", señala con un cambio de semblante, como si ya estuviera trabajando en terreno.
Algo de herencia hay en esta vocación. Cuando niño, ayudaba a su padre, astrónomo amateur, a construir telescopios. Esa experiencia despertó su curiosidad, intentando siempre mirar los objetos vivos del cosmos, sin importar los frecuentes días nublados y lluviosos de Santa Fe, ciudad donde nació.
Hoy es un prolífico investigador, pese a su corta edad, 45 años. No sólo tiene 200 publicaciones indexadas, sino que 5 mil citaciones en la literatura científica.
Por este fecundo quehacer fue distinguido con el "Premio Scopus Chile 2008", otorgado la Editorial Elsevier y Conicyt en su primera versión el en país.
Otra razón: es descubridor, junto a otros colegas, de 16 exoplanetas. ¡Vaya!, que buena puntería. Es su cuota a los 322 planetas fuera del sistema solar descubiertos hasta ahora. Su contribución es de casi el 5% del total. Sus principales colaboradores son Paul Butler y Mercedes Lopez-Morales, de la Carnegie Institution of Washington.


Un buen estudiante
Obtuvo un doctorado en la Universidad de Arizona y otro en la Universidad de Córdova, Argentina, su país natal. También tiene a su haber dos posdoctorados, uno en la European Southen Observatory (ESO), Alemania, y otro en el Lawrence Livermore National Laboratory, Estados Unidos. Fue galardonado, además, con la beca de la "John Simon Guggenheim Memorial Foundation" por sus trabajos en poblaciones estelares.
El cosmos y sus estudiantes de doctorado, a los cuales consagra tiempo y generosidad, son parte de su vida feliz, compartida con su señora Alicia Nogueras, bióloga molecular, y sus tres hijos Marco (11), Bruno (9) y Sofía (7).
Si tuviera una abultada cuenta a bancaria, estaría inscrito en los paseos espaciales turísticos y, por qué no, reservaría habitaciones en los hoteles sustentados en gravedad casi cero.


Un estrella, a veces una sorpresa
Con el primer exoplaneta descubierto por la astronomía, en 1995, y bien asentado en Chile, inició esta ruta interminable de cazadores de planetas. Con dos técnicas de medición consigue averiguar su existencia junto a muchas características que lo distinguen o no del resto de los planetas del sistema solar.
La "velocidad radial" es el método, indirecto, más exitoso para revelar la presencia de planetas. El mismo, permite, además, conocer su masa. De hecho, esta simple técnica sirvió para detectar a 290 exoplanetas de la lista actual. Si la estrella tiene un planeta orbitando a su alrededor, por efecto de la gravedad tendrá pequeñas variaciones en su velocidad. Un espectrómetro altamente preciso mide ese desplazamiento, basado en el llamado Efecto Doppler. Si el astro tiene compañía, esta fuente se acerca y se aleja del observador. 
Un lugar bello pero inhabitable - Concepción artística de un planeta tipo "Júpiter caliente". Crédito: NASA/STScI.



Por ejemplo, la perturbación de la Tierra sobre la velocidad radial del Sol es del orden de los 13 cm/s.
A pesar que las estrellas binarias son muy comunes en el Universo, tanto como la mitad o más del total, cerca del 80% de los exoplanetas hallados giran alrededor de estrella solitaria, al igual que la Tierra.
En tal caso, mejor. Según Dante Minniti, en las estrellas binarias suelen haber órbitas prohibidas, o sea, no estables para los planetas y, por tanto, el florecimiento de la vida.
Con el "método de tránsito", el investigador conoce el tamaño del planeta que observa. Cuando pasa uno delante de la estrella, se produce un eclipse y ésta baja su brillo, lo que se mide. "Es emocionante verlo en la pantalla, porque confirmamos una vez más su presencia", cuenta, mientas muestra un caso real, el suyo.
"Con estos datos tenemos entonces la densidad media del planeta, una cifra que indica si éste es gaseoso como Júpiter, líquido como Neptuno o sólido como la Tierra", explica.


Los 15 descubiertos son gaseosos, pero a través de estas mediciones indirectas.
Selección de candidatos
Con todas estas observaciones y mediciones, también es posible inferir si un planeta tendría condiciones para la vida, similares a la terrestre.


Elasticidad del tiempo
Por sus investigaciones, es uno de los expertos del Observatorio del Vaticano y, entre sus tantas tareas, se las arregla para desempeñar el cargo de director de Investigación y Doctorado de la UC. Trata de escapar de la entrevistas y del "estrellato". Sin embargo, su dedicación a la carrera también lo destaca en la difusión de la astronomía, como lo hizo en su nuevo libro "Mundos Lejanos: Sistemas Planetarios y Vida en el Universo", Ediciones B, con alto impacto en librería chilenas durante 2008.
Según la distancia, si el planeta está muy cerca de su estrella, el agua se evaporaría; si está muy lejos, se congelaría.
Según su tamaño, si es más pequeño que la Tierra, no tiene la suficiente gravedad para tener la atmósfera, como la Luna, que la perdió. Si es mucho más grande, sería más bien un planeta gaseoso o líquido, aunque con un corazón rocoso.
"Hasta ahora, hemos descubierto varios planetas en la zona habitable, pero no podemos saber si poseen agua, entre otras características clave. Soy muy optimista en este tema. Estoy seguro que en los próximos 10 años sabremos con certeza qué planetas pueden albergar vida", declara el profesor Minniti, con ímpetu, pero con una razón valedera detrás de sus palabras.


"La Ecuación de Drake"
La comunidad astronómica se vale hasta hoy de esta ecuación como herramienta para ordenar y estudiar por parte el problema. ¿Cuál?: la probabilidad de vida inteligente en otros mundos, el enigma que ha perseguido al hombre desde que éste comenzó a pensar hace decenas de miles de años.
Esta ecuación la concibió el radio astrónomo estadounidense Frank Drake, hace 47 años, como presidente del ex proyecto de la NASA Búsqueda de Vida Extraterrestre, SETI (por su sigla en inglés), ahora Instituto SETI.
La fórmula contiene ocho factores que, multiplicados, darían un número de probable vida inteligente en la Vía Láctea. Cada uno de estos factores es una pregunta:


1. ¿Cuántas estrellas se forman al año en nuestra galaxia?
2. ¿Cuántas de esas estrellas son parecidas al Sol?
3. ¿Cuántas de esas estrellas tienen planetas?
4. ¿Cuántos de esos planetas son parecidos a la Tierra?
5. ¿Cuántos de esos planetas tienen vida?
6. ¿Cuánta de esa vida es inteligente?
7. ¿Cuánta de esa vida inteligente es comunicativa?
8. ¿Cuánto dura una civilización inteligente y comunicativa?


"Hoy sabemos que entre 10 y 30 estrellas, gran parte de ellas comunes como el Sol, nacen al año en nuestra a galaxia, compuesta por unas 100 mil millones estrellas. Creemos que de éstas, cerca del 10% tiene planetas. Es decir, la investigación actual está entre el factor tres y cuatro", dictamina el doctor Minniti.


Marte, un planeta gélido
Marte todavía mantiene intrigado a los astrónomos; también a este profesor.


Una joven promesa
Pamela Arriagada, estudiante de posgrado de la UC, ha acompañado a Dante Minniti a observar al telecopio Magallanes de las Campanas. Ha aprendido tanto, que ahora va sola a éste o cualquiera de los grandes observatorios. "Hemos hallado planetas gigantes, tipo Júpiter", cuenta. Para esta joven, la carrera demanda tiempo, harta imaginación y, a veces, frustraciones por la dinámica compleja de la investigación, pero que se compensan con la alegría de salir siempre adelante.
"Sí sabemos que hubo agua líquida en el pasado, ¿pero hace cuánto tiempo? Es posible que este recurso sea cíclico, según el clima", precisa Dante Minniti.
Narra la proeza de la sonda Phoenix Mars Lander, de la Nasa, cuando tocó suelo marciano el 25 de mayo del 2008. Luego, fascinado muestra dos fotografías tomadas por el robot, que delatan la existencia de agua subterránea en forma de hielo: una, cuando cavó una zanja y se observó una mancha blanca; la otra, a la semana siguiente, cuando ésta se había evaporado.
"Creo que hay más vida en el Universo, porque hay muchas estrellas. El tema es si podremos algún día comunicarnos. Lo veo difícil por las distancias que nos separan. La estrella más cercana, Alfa Centauri, está a 4 años luz. En un avión, tardaríamos unos 4 mil años en llegar a ese destino", sostiene el científico.
La velocidad de la luz, 300 mil km/segundo, es extremadamente lenta para recorrer las grandes distancias de nuestra galaxia y el Universo. Pero los fotones, atrapados por los telescopios, siguen dando información y sorpresas.

Manuela Zoccali


La astrónoma italiana está de lleno dedicada a las estrellas que moran en el centro de nuestra galaxia, entre las más antiguas que se conocen. Estudia la "arqueo-astronomía", la que ha permitido entender que las galaxias más grandes son las primeras que se han formado, y que lo han hecho muy rápidamente.

Midiendo los primeros instantes del pausado corazón de la Vía Láctea
Por Lilian Duery A.


No sale de nuestro hogar galáctico. Más al alcance, pero aún desconocido. Apuntando al mismo blanco, la Vía Láctea, Manuela Zoccali, italiana, confirmó que las grandes galaxias como la nuestra se formaron muy rápidamente, algo que echa abajo viejas teorías, de sólo cuatro años atrás.
Pese a la juventud que emana, la astrónoma siempre ha seguido las pistas de viejas estrellas, como las que habitan en el centro de nuestra galaxia y aquellas sobrevivientes de los cúmulos globulares, agrupaciones de astros también añosos y que comparten un mismo origen.
Después de finalizar una beca posdoctoral en Alemania, en la ESO, vino a Chile en 2003 para realizar en la UC un posdoctorado en conjunto con la Universidad de Princeton. Entretanto, su misión dio un giro. El Departamento de Astronomía abrió un cargo, al que ella postuló y quedó seleccionada. Y se quedó a vivir en el país, con su actual pareja, el chileno Maurizio Baffico, ingeniero electrónico del observatorio de la UC.
Esta profesional radicada en Chile visita dos veces al año a su familia. Viaja a su ciudad natal, Reggio di Calabria, ubicada en la punta de la "bota italiana" que pisa el mar Mediterráneo. Allá vivió hasta los 18 años. Partió a la Universidad Padua, centro cultural que recibió a Galileo Galilei, uno de los personajes de su actual Museo de la Historia de la Física. En este sobrecogedor escenario, Manuela Zoccali obtuvo su licenciatura y doctorado en Astronomía.
Cuando niña, le encantaba explorar la naturaleza. Su atención estaba siempre focalizada en la ciencia. "Me gustaba mucho estudiar, pero no parejo. La historia, la literatura u otros conocimientos no científicos los encontraba fomes. En matemáticas, en cambio, era especialmente brillante", expresa, con buen español y acento extranjero.
En su ciudad, algunos profesores y estudiantes de colegios habían formado un grupo de astrónomos aficionados. Tuvo suerte, porque, al unirse a ellos, a sus 14 años, fue claro para ella qué ciencia iba a estudiar. Se convirtió en astrónoma, o astrofísica. Como dice Manuela Zoccali, tal distinción sólo era importante en el pasado. "Hoy no hay astronomía sin física. Es la física de los astros", comenta.


Estrellas mensajeras
Manuela Zoccali compara las dos poblaciones de estrellas que residen en los cúmulos globulares y las que permanecen en el centro de nuestra galaxia, el bulbo. Lo común es que ambas son astros vetustos, prácticamente fósiles galácticos.
Las estrellas de los cúmulos globulares son las más viejas de la Vía Láctea. Nacieron al mismo tiempo y a partir del mismo material. Por tanto, no varían ni en composición química ni en edad. Son poblaciones estelares simples, útiles como laboratorio para testear nuestro entendimiento de la evolución estelar. 
Aquí vivimos - Parte central de la Vía Láctea, que incluye el disco y el bulbo, su centro. Crédito: 2MASS/J. Carpenter, T.H. Jarret & R. Hurt..



"Durante mi doctorado, a través del telescopio espacial Hubble, pudimos ver las estrellas de las regiones más centrales de más de 40 de esos conjuntos estelares", cuenta con el mismo entusiasmo de quien redescubre una gigante hormiga al microscopio.
"La zona central de nuestra galaxia” expresa ” es más compleja. Su tamaño es más extendido. Representa más de la cuarta parte del total de la masa. Su agujero negro del centro, en la constelación de Sagitario, ocupa una fracción mínima, equivalente a sólo seis millones de masas solares".
Inmersa hoy en el estudio del bulbo, averigua la abundancia de los elementos químicos sobre la superficie de sus estrellas, los mismos que componían el gas que le dieron vida. Como la composición del gas interestelar va variando constantemente debido a la explosión de supernovas que lo van enriqueciendo de distintos elementos, rastrear esos elementos es como medir el tiempo de formación de las estrellas.
Como ella expresa, a este estudio lo podríamos llamar "arqueo-astronomía", la que ha permitido entender que las galaxias más grandes son las primeras que se han formado, y que lo han hecho muy de prisa.
Al investigar los elementos de esas estrellas, sabemos entonces cómo era inicialmente ese gas. "Hemos descubierto que esas estrellas" — destaca — "no están contaminadas con material de ciertas supernovas que comenzaron a explotar después de mil millones de años del nacimiento de nuestra galaxia. Cuando estas supernovas explotaron, sí contaminaron el ambiente (gas) cercano, pero ya no se formó ninguna estrella a partir del mismo: todas se habían formado antes de esa etapa. Parece un tiempo corto, comparado con los casi catorce mil millones de años de vida del Universo."
"Pero así fue. En algún momento, una nube de gas se condesó, nacieron estrellas y de eso surgió el bulbo", destaca Manuela Zoccali.


El bulbo en 3D
Qué experiencia tendrá la investigadora cuando el telescopio VISTA le envié las imágenes nunca antes vistas del bulbo de la galaxia. La cámara fotográfica en infrarrojo observará el corazón de la Vía Láctea 80 veces en un lapso de cinco años.
La astrónoma es parte del equipo chileno que se adjudicó uno de los seis proyectos seleccionados, el único que rastreará la zona central de la galaxia y construirá la primera imagen 3D de ésta.
"Nuestro compromiso con la ESO es tomar todas las imágenes y convertirlas en datos numéricos, un completo catálogo, como todas las letras ordenadas del código genético humano, disponible a la comunidad internacional de astrónomos", señala.
Será una ocasión importante, porque por primera vez serán los chilenos los que darán un servicio al resto de los astrónomos del mundo. "De nuestros resultados dependerá si se enciende un reflector a favor en contra de nuestro trabajo", ríe la astrónoma, asegurando que lo harán muy bien.


Actividad náutica
Manuela Zoccali extraña su recreación que antes hacía de manera más regular. Siempre en el agua. Le gusta nadar y navegar en vela, gustos que se da vez en cuando en Quintay. También le fascina el windsurf, pero no ha podido surfear en la costa chilena porque sus aguas las encuentra "muy heladas". El buceo es otro de sus deportes favoritos, que los disfruta en Punta de Choro. Sabe cocinar, incluyendo la comida italiana y la chilena.
VISTA tiene un espejo de 4 metros, cuya corta distancia focal permitirá cubrir grandes segmentos del cielo. Por ejemplo, en una sola imagen cabe la Luna. Junto a ello, una potente cámara provista de muchos detectores infrarrojos”de 2,9 toneladas de peso", fotografiará la Vía Láctea.
Al igual como la secuenciación del genoma, VISTA entregará miles de millones de imágenes que después demandarán su interpretación. Habrá material de sobra y contundente para que jóvenes astrónomos describan qué hay dentro del bulbo y cómo transcurre la vida en su interior.
"El telescopio de la ESO e instado en el cerro Paranal, probablemente empezará a entregar sus primeros datos útiles a partir de julio de 2009", informa Manuela Zoccali, ya ansiosa por empezar con este proyecto que delatará mucho más acerca de esas viejas estrellas que tanto le interesan.