miércoles, 1 de mayo de 2013

HISTORIA DE LA ASTRONOMIA


LOS ASTRONOMOS OLVIDADOS.


La historia de 18 Conejo
María Cristina Pineda de Carías - Marcos Carías.

La cabeza de oro de Gerbert
Rosa M Ros Ferré.

Fátima y las estrellas
Eulalia Pérez Sedeño.

Azarquiel, constructor de instrumentos
Antonio Claret dos Santos.

Alfonso X, el Sabio
Antonio Claret dos Santos.

Netzhualpilli y la estrella que fuma
Germán Puerta Restrepo.

Las dos nubes de Magallanes
Alexandre José da Costa Ferreira.

Joan Roget, constructor de anteojos
Pere Closas Hil.

Jorge Juan, un marino para la ciencia
Jaime Fabregat Fillet.

La gran aventura de Vicente Doz
Sergio López Borgoñoz - Marina López Rodríguez.

Un regalo para el Sabio Caldas
Antonio Bernal González.

Comas i Solà, observador del cielo
Llorenç Puig Mayolas.

Paris Pismis, la Maestra
Elsa Recillas Pismis.
 

1) La historia de 18 Conejo

María Cristina Pineda de Carías - Marcos Carías

Entre los años 695 al 738 gobernó la ciudad de Copán, Uaxac Lahun Ubac Cauil, que se traduce por 18 Conejo. Fue el decimotercer rey de una dinastía que hizo prosperar esta importante ciudad maya de Honduras.
18 Conejo construyó la Plaza del Sol, en la que estelas, altares y graderías de la plaza señalan la posición del Sol en los solsticios, equinoccios y en los pasos por el cenit.
Los mayas adoraban el Sol y seguían sus movimientos para llevar la cuenta del tiempo, de los días y los años, lo que les permitía manejar los ciclos de las siembras y las cosechas, las lluvias y las sequías.
18 Conejo amaba la Astronomía y se interesó por la arquitectura y la escultura.
Él mismo aparece retratado en varias estelas, joven, viendo las salidas del Sol, viejo, viendo las puestas.
En Copán construyó un Templo, una especie de montaña sagrada a la que se accedía a través de la boca abierta del monstruo de la tierra. Al entrar, dos personajes tallados sostenían la banda del cielo donde estaban las nubes y los astros; descansaban sobre unas calaveras esculpidas para representar al inframundo. En este templo era donde el gobernante hacía meditación y sacrificios.
En el interior, hacia el lado oeste, había una ventana desde donde podía observar las apariciones vespertinas de Venus.
Por la calidad y el significado astronómico y místico de sus monumentos, la obra de 18 Conejo se considera uno de los más bellos legados que ha recibido la Humanidad.

La superficie de la Luna
Los mayas veían en la Luna un conejo; por ese motivo, algunos reyes llevaban ese nombre. A simple vista es fácil intentar imaginar este conejo. Ojeando un mapa de la superficie lunar, se puede comprobar que el mar de la Tranquilidad semeja la cabeza, y los mares de la Fecundidad y del Néctar las dos orejas. El cuerpo está formado por los mares de la Serenidad, de los Vapores y de la Lluvias y, finalmente, el mar de las Crisis representa la col que se está comiendo el conejo.
Rosa M Ros

2) La cabeza de oro de Gerbert

Rosa M. Ros Ferré

A mediados del siglo IX nace Gerbert de Orlhac en Occitania (Francia) en una familia muy humilde. Es un chico listo y para que pueda estudiar, su padre lo pone bajo la protección de la nobleza y comienza su carrera eclesiástica.
En esa época, el mejor lugar para estudiar es la zona fronteriza con los árabes. Gerbert va a Vic, Ripoll y Barcelona (España) para estudiar el “quadrivium” (Astronomía, Música, Geometría y Aritmética). Cuando ya es profesor construye modelos astronómicos (esferas armilares, planisferios y otros artilugios) para explicar a sus alumnos el movimiento de los astros. Su capacidad científica, muy avanzada para su época, y la ignorancia de las gentes, hace que surjan diversas leyendas sobre él. Dicen de Gerbert que lo sabe todo gracias a una cabeza de oro que le dio el diablo y que da respuesta a todas las preguntas. También malas lenguas dicen que descubrió un tesoro por sus pactos con el diablo. En Roma había una estatua que señalaba un tesoro escondido con el índice de la mano y una inscripción que decía “pica aquí”. La gente picaba pero nadie localizaba el tesoro. Gerbert, listo como era, supo interpretar que la clave estaba en la sombra del dedo a mediodía, y así encontró la entrada de un palacio lleno de oro.
Pero a pesar de las leyendas, Gerbert de Orlhac, por sus propios méritos, llegó a ser el Papa Silvestre II, el Papa del cambio de milenio en una época oscura para la ciencia. Es uno de los introductores del “cero” en Europa y gracias a sus esfuerzos comienza una nueva forma de entender la ciencia.
Por su afán de aprendizaje, su ingenio en didáctica y pedagogía, su rigor intelectual y su paciencia para avanzar ante las dificultades de todo tipo,
Gerbert sirve de puente entre la tradición islámica y la cristiana.

Sistemas Tolemaico y Copernicano
El sistema Tolemaico considera la Tierra en el centro del Universo con la Luna, el Sol y los planetas girando en torno a ella en un sistema de epiciclos (moviéndose según circunferencias que giran en torno a puntos de otra circunferencia centrada en la Tierra).
En el siglo XVI, Nicolás Copérnico propone un nuevo sistema planetario donde el centro del mismo lo ocupa el Sol y los planetas giran en torno a él, mientras que la Luna lo hace en torno a la Tierra.
Rosa M Ros


3) Fátima y las estrellas

Eulalia Pérez Sedeño

Fátima de Madrid era astrónoma como su padre Maslama al-Mayriti. Aún recordaba cómo empezó a interesarse por las estrellas.

–Mamá, mamá, hace mucho que no veo a papá. ¿Por qué ya no lo veo casi nunca?
–Es que está durmiendo
–Y, ¿por qué duerme de día? Los papás y mamás de las otras niñas y niños trabajan de día.
Sí, trabajaban de día y dormían por la noche. Unos vendían lo necesario para comer o vestirse. Otros trabajaban la tierra, y algunos enseñaban a los niños a leer y escribir e incluso a hacer cuentas.
Pero el padre de Fátima… ¿qué trabajo tenía que le hacía salir todos los días cuando empezaba a oscurecer?
–Es un trabajo muy importante –le decía su madre a Fátima.
–Gracias a él sabemos contar los días, cuándo va a haber luna llena y cuándo van a ser las fiestas de Pascua o del Ramadán.
Cuándo comenzará el verano o el invierno.
Fátima estaba muy intrigada, así que decidió averiguar en qué consistía el trabajo de su padre.
Un atardecer decidió seguirle por las estrechas y oscuras calles de Córdoba hasta que le vio entrar en una pequeña torre. Fátima subió tras él por una empinada escalera de caracol. Al abrir la puerta, Fátima se quedó desconcertada: su padre tenía algo redondo y dorado en las manos. Miraba y tocaba ese instrumento a la vez que observaba el cielo. Entonces, Fátima miró hacia arriba y le pareció que el cielo se le venía encima, los ojos se le llenaron de lágrimas. ¡Miles de puntos brillaban en el cielo! ¿Qué era aquello tan bonito?
Su futuro quedó decidido y a partir de entonces comenzó a ayudar a su padre. Trabajó con él en las Tablas Astronómicas de al-Khwarizmi, en calendarios, en estudiar las posiciones verdaderas del Sol, paralajes y eclipses.

Paralajes
Una de las principales dificultades de la astronomía consiste en el cálculo de distancias. El paralaje es uno de los métodos usados para ello. Se calcula la distancia a un objeto astronómico a partir de observar un par de veces la posición del mismo respecto al fondo estrellado. Puedes hacer un sencillo experimento para comprender la idea en que se basa. Estira tu brazo derecho con el dedo índice de tu mano hacia arriba. Tapa tu ojo derecho con la mano izquierda y fíjate en la posición del dedo respecto al fondo de la habitación donde estés. Después, sin mover el dedo de sitio, tapa el ojo izquierdo y verás que el dedo (que no has movido) se ve en una posición diferente respecto al fondo. Esta aparente diferencia de posición es la que usan las astrónomos para calcular la distancia al dedo, es decir al objeto astronómico usando los ángulos de posición y la distancia entre los dos puntos de observación (en tu caso tus dos ojos).
Rosa M Ros 

4) Azarquiel, constructor de instrumentos

Antonio Claret dos Santos

Quizá tú nunca hayas oído hablar de mí.

Nací hace casi mil años, aproximadamente hacía el año 1030, en Toledo, España.
Pertenecía a una familia de artesanos y aprendí desde niño el oficio de fabricar objetos de metal. Sin embargo, eran las estrellas lo que realmente me atraía.
Me costó mucho escribir y leer con soltura. Pero yo era como un búho: miraba y miraba, prestando atención a los maestros, preguntaba como un loro y era tenaz como una hormiga.
Dediqué toda mi vida a estudiar los movimientos de los astros y de esta investigación surgieron las Tablas Toledanas, tablas que permitían el cálculo de las posiciones de los cuerpos celestes.
Pero lo que más me gustaba era la construcción de instrumentos astronómicos. Un instrumento muy usado en mi tiempo para estudiar los astros era el astrolabio, que servía para hacer cálculos como ahora los ordenadores. Sin embargo, este instrumento no era preciso si era utilizado en diferentes lugares.
Pensando mucho sobre el problema, ideé uno nuevo que corregía este defecto: la azafea. Ésta era universal y podía ser usada en cualquier ciudad, una especie de GPS de la época.
Fue un trabajo duro pero que simplificó mucho el manejo del instrumento. Lo que no simplificó fue mi vida, ya que tuve que refugiarme en Córdoba, donde pasé mis últimos días.

Astrolabios
Los planisferios son mapas de estrellas sobre los que se hace girar una ventana que permite seleccionar el trozo de cielo visible en una ciudad un determinado día a una cierta hora. Un astrolabio también dispone de un mapa simplificado de estrellas; las más brillantes corresponden a los vértices de la araña (circulo de metal recortado con múltiples lengüetas acabadas en un vértice que representa la estrella). Con este instrumento se podían hacer observaciones y cálculos trigonométricos para una determinada latitud. Si se quería usar en un lugar de distinta latitud había que cambiar la lámina correspondiente.
Rosa M Ros 

5) Alfonso X, el Sabio

Antonio Claret dos Santos

Normalmente, un rey sólo reina. El caso de Alfonso X, rey de Castilla y León, es diferente. Su reinado fue difícil, pero buscó tiempo para dedicarse a la Astronomía porque le gustaba mucho.

Las actividades científicas patrocinadas por Alfonso X eran una continuación del trabajo de Azarquiel y de la Escuela de Traductores de Toledo. De su iniciativa surgieron los Libros del Saber de Astronomía (una compilación del conocimiento astronómico) y las Tablas Alfonsíes. La importancia de estas Tablas fue tan grande que fueron usadas durante más de 400 años en todo el mundo civilizado. El rey sabio no trabajaba solo. Sus colaboradores eran astrónomos musulmanes, judíos y cristianos.
También se ocupó de editar libros de derecho, religión, historia y hasta de ajedrez. En esa época era usual publicar en latín o árabe, pero hay que destacar que Alfonso X publicó parte de sus obras en romance (una especie de español antiguo) que después evolucionó hasta el español que conocemos.
El rey sabio murió en 1284 en Sevilla sin dejar resuelta una conflictiva sucesión provocada por la muerte prematura de su primogénito. Por su afición a la Astronomía y por descuidar la política se dice injustamente que: “De tanto mirar al cielo se le cayó la corona”.


Tablas Alfonsíes
Las Tablas Alfonsíes son un conjunto de datos astronómicos que posibilitaban el cálculo de las posiciones de las estrellas y de los planetas. También tratan de los eclipses, de las posiciones de los astros al cruzar el meridiano y de la determinación de los días festivos religiosos. Se tardaron casi diez años en su elaboración (1263-1272).
Esta obra contiene observaciones astronómicas propias y ajenas. Para hacerse
Alfonsíes, basta con decir que fueron reimpresas trece veces (desde 1453) y copiadas manualmente en una infinidad de ocasiones. Solamente las Tablas Rodolfinas, publicadas por Kepler en 1627 y basadas en las observaciones de Tycho Brahe, las superaron en precisión.
Rosa M Ros 

6) Netzahualpilli y la estrella que fuma

Germán Puerta Restrepo

Netzahualpilli, Rey de Texcoco, estaba sentado observando las estrellas. Sus asistentes y los nobles sabían que era el más grande de los astrónomos y confiaban en su sabiduría. La ceremonia más importante en la vida de un astrónomo del antiguo México era observar el tránsito de las Pléyades (Tzab, el Cascabel de Estrellas) por el cenit.

Pero esta noche la ceremonia del fuego estuvo ensombrecida por la aparición de Citlalimpopoca, “la estrella que fuma” (cometa), una señal que todos sospechaban que era maligna. Y además se había anunciado que el propio Moctezuma, gobernador de Tenochtitlan, se haría presente en la mañana para indagar lo que sucedía. Esto así está escrito.
Era casi la medianoche y Tzab, el Cascabel de Estrellas, se aproximaba hacia el cenit. Netzahualpilli, sus astrólogos y todas las gentes miraban con ansiedad el lento avance de tzab para ver si dejaba de moverse, cumpliéndose así la antigua profecía que aseguraba el final de los tiempos cuando el cascabel celeste se detuviera en la mitad del cielo.
Y Tzab siguió su camino, ¡los dioses concedieron un nuevo tiempo! Y está escrito que a una señal de Netzahualpilli se encendió la gran pira en lo alto del palacio para que toda la comarca iniciara las fiestas. Pero en esa ocasión Netzahualpilli no estaba para celebraciones pues aún no tenía respuesta alguna para Moctezuma.
Netzahualpilli sabía que la “estrella que fuma” era un misterio que no tenía explicación y que el gobernador ya la había tomado como una señal maligna. Y cuando se escucharon los ecos de truenos lejanos que venían del distante mar, Netzahualpilli entendió que Citlalimpopoca en verdad no anunciaba nada bueno. Y así quedó escrito.


Los cometas
No son más que bolas de nieve sucia que llegan de la zona más alejada del sistema solar en órbitas muy alargadas y que, al aproximarse al Sol, debido al incremento de temperatura, evaporan parte de sus componentes mostrando una cola luminosa. Durante siglos se han interpretado como símbolo de malos presagios sin ningún tipo de justificación científica.
El desembarco español en México coincidió con el paso del cometa Halley.
Rosa M Ros

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