sábado, 21 de marzo de 2015

Mitos y Leyendas.
Leyenda del otoño y el loro


Amig@s...aprovechando que empezamos el otoño en esta parte nuestra del globo terráqueo, he querido buscar una historia que aunara a las dos partes del hemisferio y navegando por la red he dado con esta leyenda Selk' nam ( Tierra de Fuego, Argentina-Chile) interpretada por la escritora argentina Graciela Repún , nacida en Buenos Aires, que ha publicado cuentos, obras de teatro, poesía , biografías, leyendas y novelas.

Espero que sea de vuestro agrado.

En Tierra del Fuego, en la tribu sélk 'nam había un joven indio llamado Kamshout al que le gustaba hablar.

Le gustaba tanto, que cuando no tenía nada que decir y eso era muy notable porque siempre encontraba tema
repetía las últimas palabras que escuchaba de boca de otro.Me duele la panza le contaba un amigo.
Claro, la panza repetía Kamshout
.Miremos este maravilloso cielo estrellado en silencio le sugería una amiga.
Sí, es cierto. Mirémoslo en silencio. ¡Es verdad! ¡Está hermoso! Y es mucho más lindo así, cuando uno lo mira con la boca cerrada, ¿no es cierto? respondía Kamshout

.¡No quiero escuchar una palabra más! gritaba, de vez en cuando, el malhumorado cacique. ¡En esta tribu hay indios que hablan demasiado!
Una palabra más; ¡demasiado!... repetía Kamshout. Por su charlatanería, toda la tribu sintió su ausencia cuando un día, como todo joven, tuvo que partir.
.Kamshout se ha ido a cumplir con los ritos de iniciación comentaba alguno.¡Lo sé! respondía otro.

Ahora puedo oír cantar a los pájaros.Yo escucho mis pensamientos decía alguien más.Yo, el ruido de mi estómago decía otra.Yo lo extraño decía una.
Pero enmudecía inmediatamente, ante las miradas de reprobación de los demás. Y pasó el tiempo. Tiempo de silencio y también de soledad.

Y Kamshout regresó. Y las aves al verlo emigraron porque, ¿para qué cantar donde nadie puede escucharte? Kamshout regresó maravillado.
No podía olvidar su viaje y repetía a quien quisiese oírle (pero más a quien no) que en el Norte, los árboles cambian el color de sus hojas. Les hablaba de primaveras y otoños.

De hojas verdes, frescas, secándose lentamente hasta quedar doradas y crujientes.(Y los que lo oían imaginaban, tal vez, un pan recién sacado del fuego.)
De árboles desnudos.(Y los que lo escuchaban se horrorizaban de semejante desfachatez.
¡Si sólo andaban desnudos animales y hombres!)
De paisajes dorados, amarillos y rojos.(Y los obligados oyentes miraban sus pinturas para poder imaginar mejor.)

De caminos hechos de hojas que crujían, coloreadas de dorado, amarillo y rojo , provenientes de árboles que se desnudaban. ¡Y semejante falsedad cerraba todas las posibilidades de imaginación! Porque era demasiado esa combinación de sensaciones y de mentiras.
Ya en la tribu, todos creían que Kamshout estaba inventando un poco.

¿Qué era esa tontería de decir que los árboles no tienen hojas eternamente verdes?
¿Qué quería decir "otoño"?
¿Quién iba a tragarse el cuento de que los árboles pierden su follaje y luego les brota otro nuevo? El descreimiento general enojó a Kamshout.
Lo enojó muchísimo. Muchísimo. Lo hizo poner colorado de odio, le salieron canas verdes.

Desesperado por convencerlos de que decía la verdad, Kamshout contó lo mismo infinitas veces, sin parar. Día y noche, sin parar. Segundo tras segundo, sin parar.
Hasta que sus palabras se fueron encimando unas con otras y se convirtieron en un extraño sonido.
La tribu trataba de esquivarlo. Por hacerse los que no lo veían, por jugar a ignorarlo, no vieron, en serio, su prodigiosa transformación: Kamshout se convirtió en un loro gordo.

Recién lo notaron cuando escucharon que les hablaba desde los árboles. ¡Era él! ¡Ese pájaro era él! No había duda.
Era su voz, que ahora sólo decía: kerrhprrh, kerrhprrh... hasta el cansancio. Kamshout volaba sobre las hojas, y al rozarlas, las teñía del color de sus plumas.
De pronto, una hoja cayó. Corrieron a verla, a levantarla. La palparon y la volvieron a dejar en el suelo. Entonces, la pisaron. La hoja, matizada de dorado, amarillo, rojo, crujió bajo sus pies.¡Es verdad! dijeron. ¡Todo era verdad! ¡Kamshout nonos mintió! Pero Kamshout no respondió. Se había ido muy lejos.

Dicen que acompañado por su amiga y enamorada.
La tribu quedó más en silencio que nunca.
Recién en la primavera, cuando las hojas volvieron a cubrir las ramas erizadas de frío de los árboles desfachatadamente desnudos, volvió Kamshout, acompañado de su compañera y de sus hijos.

Eso dicen algunos. Otros dicen que los que vinieron eran sólo un grupo de loros haciendo kerrhprrh sin cesar desde las copas de los árboles.

fuente.
www.abuelas.org.
 
Las hadas del otoño

En otoño, cuando la naturaleza cambia su color y se tiñe de tonos rojizos y dorados, y los días se vuelven cada vez un poco más cortos y fríos, irrumpen en los bosques y los campos, las hadas de las flores de esta estación.
En el último día del verano, las hadas del otoño celebran el festival de la luna llena, en el que, bajo su resplandeciente luz, se reúnen sobre un campo de trigo para dar cuenta de un pródigo banquete propio de esta estación del año.
Aquí las hadas de verano entregan las varas mágicas del clima a las hadas de otoño, las que deben comenzar a recorrer el bosque utilizando sus encantos y encantamientos.
El otoño es tiempo de los últimos frutos maduros y del final de las cosechas, siendo las hadas del otoño, quienes los endulzan y colaboran en las cosechas, facilitando el trabajo a los humanos.

 El otoño en la mitología romana
"El Rapto de Perséfone"
Origen de las Estaciones del Año
Perséfone, es la hija de la Diosa Demeter (Diosa de la Agricultura) y el Dios Zeus.
Un día Perséfone estaba recogiendo flores junto a sus amigas cuando de repente, de un agujero del suelo salió Hades (tío de ésta y Dios del Inframundo) y se la llevo junto a él.

Este mito servía para explicar el ciclo estacional. Cuenta que el origen de la Primavera y el Verano radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron ya que no podemos olvidar que su madre es la Diosa de la Agricultura y a su partida ella se entristece, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace. Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre y se encuentra en el mundo subterráneo, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Otoño y del Invierno.

El origen de la palabra otoño se encuentra en el vocablo autumnus, formada por las palabras auctus (aumentar o plenitud) y annus (año). Etimológicamente significa: "la plenitud del año". Quizás parezca un significado contradictorio con la imagen que tenemos del otoño, sin embargo, la plenitud a la que alude la raíz de la palabra se debe a que muchos cultivos llegan, en este tiempo, a su madurez para ser recogidos. La plenitud no se refiere al declive sino a la madurez.

Hay quienes dicen que la etimología de la palabra se encuentra en el término Vertumnus, nombre del antiguo dios de los etruscos, pueblo asentado en el centro de la península itálica en el primer milenio antes de Cristo. Era el señor de las estaciones, personificaba el cambio y la mutación de la vegetación durante el las estaciones, protector de las plantas, árboles frutales y jardines.

En la mitología romana al dios Vertumno o Vortumno se le atribuía el don de transformarse en todas las formas o cosas que deseara. Siendo Vertumno el dios del cambio, de su nombre proviene el verbo latino vertere (cambiar) con sus derivaciones: versión, diversión, perversión, etc. Su imagen estaba en la entrada del Foro Romano, el centro neurálgico de la antigua Roma donde se desarrollaba la vida pública, cultural y económica del Imperio. Su fiesta se llamaba Vertumnalia. Se celebraba el 13 de agosto.

Este dios tenía una compañera llamada Pomona, nombre derivado de pomum (fruta), era diosa de la frutas y las huertas, señora del olivo y la vid. Generalmente asociada con la abundancia y la floración de los árboles. Se dedicaba al arte del cultivo. Propiciaba la poda de los árboles y jardines. Detestaba la naturaleza salvaje y prefería los vergeles cuidados. Estos dos dioses de la mitología romana- Vertumno y Pomona- no tienen correlato en la mitología griega.


 
El otoño en la mitología griega

El mito de Deméter y su hija Perséfone, donde esta última es secuestrada por Hades para llevarla al Inframundo fue la explicación de la mitología griega a las transformaciones que causan las diferentes estaciones.
 
En la mitología griega no existe una explicación de las cuatro estaciones sino que divide el tiempo estacional de cada año en dos semestres (el frío y el calor, la luz y la sombra). Por lo cual -para la primavera y el verano como para el otoño y el invierno- existe la explicación de un mismo mito conformado por los personajes divinos de un trío amoroso representado a través del amor maternal y filial (la diosa Démeter y la diosa Perséfone) y el amor de pareja (la diosa Perséfone y el dios Hades).

La diosa Démeter era la deidad de la agricultura. La madre nutricia de la tierra, hacedora del ciclo vivificador de la vida y la muerte, protectora del matrimonio y la ley sagrada, portadora de las estaciones. En la mitología romana se la conoce como Ceres.
Esta diosa tenía una única hija llamada Perséfone -en la mitología romana- denominada Proserpina. El nombre de Perséfone significa "la que lleva la muerte" ya que se convierte en la reina del Inframundo. Allí es llevada cuando fue raptada por el dios Hades conocido en la mitología romana como Plutón- señor del reino de las sombras, el cual resultó seducido por su belleza.

El rapto, la búsqueda, el pacto y el encuentro son los actos fundacionales de los dioses que dan origen a la estaciones del año en el mundo de los mortales.

El rapto de Perséfone -por parte de Hades- da origen al invierno; la búsqueda de Démeter otorga comienzo al otoño; el pacto de estar Perséfone seis meses con su madre y seis meses con su esposo da principio a la primavera y el encuentro esperado entre Démeter y su hija posibilita el verano.

Estos ciclos vuelven -una y otra vez- a recomenzar cuando Perséfone viene y va entre el reino subterráneo y el mundo mortal. Esta transición -ocasionada por el viaje de la diosa entre los dos mundos- causa el cambio de las diversas estaciones. Los meses que Perséfone pasa en el inframundo son meses de sequía. Todo está marchito. Su regreso a la tierra, junto a su madre Deméter, marca el comienzo de la vida que florece.

Según otras versiones, acorde al clima de la Antigua Grecia, cuando Perséfone iba al inframundo eran los meses de verano donde -por el calor- la tierra de Grecia es más estéril y seca. El otoño y el invierno, tiempo de lluvias, era cuando Perséfone se hallaba junto a su madre.
 
CUATRO ESTACIONES DE VIVALDI: EL OTOÑO

La mejor forma de darle la bienvenida al otoño es con la correspondiente estación de la obra "Las Cuatro Estaciones" de Antonio Vivaldi (1678-1741). La belleza de su música nos describe como se recibía la nueva estación entre los campesinos, después de terminar la recolección

1º MOVIMIENTO : ALLEGRO  En este movimiento los campesinos celebran con alegría , bailando y cantando, el final de la recolección de la cosecha.                                      https://youtu.be/HcMMsC6LeE0

2º MOVIMIENTO: ADAGIO MOLTO

La fiesta continua hasta que finalmente el sueño y el vino les vence y se quedan dormidos.
https://youtu.be/MyWZ3m1yq2A

3º MOVIMIENTO: ALLEGRO

En esta última escena del "Otoño" un grupo de cazadores se dirige acompañado por los ladridos e sus perros a cazar en el bosque https://youtu.be/OM0rC56hMRE

 
El otoño en la mitología celta

 Los Druidas (sacerdotes celtas) honraban al dios del bosque ofreciendo libaciones de sidra y vino a los árboles, celebrando la abundancia y la generosidad de la tierra cuando las fuerzas de la oscuridad y de la luz estaban en igualdad de condiciones ya que se repartían 12 horas exactas de luz y sombras durante el día y la noche. Luego de ese momento de equilibrio, la oscuridad iba ganando terreno hasta alcanzar su punto álgido conocido como el solsticio de invierno.
Según la tradición, el dios se debilitaba, envejecía y posteriormente- moría, hacia el final del verano, el cual se celebraba el 31 de Octubre con el festejo de la "noche de los espíritus". Durante el cual las leyes del tiempo y el espacio quedaban temporalmente suspendidas y la barrera entre los diversos mundos desaparecía. Este es origen céltico de la tradición que celebra Halloween. El cristianismo tomó esta fiesta de profunda tradición gaélica y la reemplazó por la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre).

Durante la noche de los espíritus celebraban el año nuevo de los celtas. Era el momento -antes de que la oscuridad y el frío se apoderasen de la tierra y el dios de la fertilidad muriera- de reflexionar y prepararse para el ciclo de la vida: nacimiento, crecimiento, madurez y muerte. Aceptando que todas las cosas tienen un final y un nuevo comienzo.

Las deidades más importantes veneradas en esa ocasión eran Mabon (palabra galesa que significa buen hijo), dios galés que simbolizaba el principio masculino de la fertilidad, y la diosa madre llamada Modron, la cual -en el momento de la celebración- adoptaba la forma de anciana. La diosa madre representaba la fertilidad de la mujer y sus ciclos vitales en consonancia directa con los de la tierra.

El equinoccio de otoño marcaba, para la mitología celta, el comienzo de una época de serenidad. El verano iba perdiendo fuerza y las hojas de los árboles comenzaban a dorarse y caer. Para el agricultor esto marcaba el fin de la época de trabajo. Era el momento para que el hombre y la tierra descansaran. Toda la naturaleza invitaba a relajarse y reflexionar.


El arquetipo del otoño
 

  Representación del Otoño (1573) del pintor italiano Giuseppe Arcimboldo (1527-1593). Se hizo célebre por sus retratos de flores, frutas, plantas, animales u objetos imitando a las personas retratadas. Sus obras fueron un anticipo del surrealismo.
El sentido melancólico de esta estación del año representa la metáfora del declive natural de la vida hacia el ocaso de la vejez. En todas las mitologías el arquetipo del otoño y en general el cambio de estaciones y la transición del tiempo con sus ciclos vitales y naturales- alude al arquetipo de la muerte y del renacimiento simultáneamente.

Toda existencia es entrecruce y enlace de una y otra. La existencia natural del universo y del ser humano, como parte de él, es vida y muerte en correlato simultáneo. El deceso no es el final de la vida. Está presente desde comienzo, al unísono del proceso y evolución vital.

Para la fe cristiana esto representa un arquetipo pascual: vida y muerte, renacimiento y crecimiento. Como todo arquetipo, también este tiene su ambigüedad paradójica: vida y muerte, luz y sombra, abajo y arriba, declinación y plenitud. De cada uno depende que la fuerza de este arquetipo y de esta estación se incline para un lado o para el otro. La actitud de cada uno condiciona el impulso inconsciente del arquetipo para que sea una cosa u otra.

Los poetas han convertido al otoño en la estación de la melancolía. El escritor Víctor Hugo (1802-1885) afirma que "la melancolía es la dicha de estar triste". Pareciera que dicha, alegría, gozo o felicidad tuvieran que estar reñidas con la nostalgia y la melancolía. Sin embargo, no necesariamente. También el literato Albert Camus (1913-1960) dice que "el otoño es una segunda primavera en la que cada hoja es una flor". Ciertamente la caída de las hojas posibilita luego el nacimiento de la flor.

En esta estación la naturaleza va desacelerando su ritmo. Prepara el camino para el silencioso letargo del invierno. Se inaugura el tiempo de una suave y frágil belleza, dorada de hojas y ruidos secos que vuelan al viento y se quejan bajo el rumor de nuestras pisadas. Una serena placidez nos espera en cada otoño de tenue luz de miel que asoma y entibia.

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