domingo, 24 de julio de 2016

 
Una broma de cuatro siglos
Ya hablamos en esta página de la llegada de la sonda espacial Juno a Júpiter. Este nuevo hito de la ciencia planetaria prosigue una broma mitológica que lleva ya unos 400 años e involucra a unas cuantas generaciones de astrónomos.
 
Júpiter tiene 67 lunas o satélites conocidos; los cuatro más grandes llevan los nombres de Ganimedes, Europa, Io y Calisto. Johannes Kepler fue quien sugirió a su amigo y colega el astrónomo Simón Marius que las lunas descubiertas alrededor de Júpiter debían llevar los nombres de los amantes del dios. Y aunque Galileo descubrió esos satélites al mismo tiempo y los llamó Planetas Medicianos, por la familia Medici, Marius, en su libro publicado en 1614 Mundus Iovialis anno M.DC.IX Detectus Ope Perspicilli Belgici (El mundo de Júpiter, descubierto en 1609 con el telescopio holandés), introdujo los cuatro nombres que usamos hoy muy a pesar de Galileo, que se negó rotundamente a aceptarlos.
Dice Simón Marius en ese libro: «Io, Europa, Ganimedes puer, atque Calisto lascivo nimium perplacuere Iovi» («Io, Europa, el joven Ganimedes y Calisto dieron grandes placeres al lujurioso Júpiter»). Como sabemos todos, Europa era una fenicia a la que Júpiter raptó, disfrazado de toro; Ganimedes, un hermoso príncipe troyano al que también raptó, en este caso disfrazado de águila, e hizo copero del Olimpo; Calisto, una ninfa del séquito de Diana, diosa cuya apariencia tomó Júpiter para seducirla; e Io, una sacerdotisa de Juno en Argos. En una versión del mito, Júpiter oculta tras las nubes su romance con Io. En otra, se transforma en nubes el mismo. Pero su consorte, la diosa Juno, cuya mirada atraviesa las nubes, los descubre en ambas.
Considerando la cantidad de lunas jovianas descubiertas en el último siglo, y el hecho de que los científicos crean que puede haber más, darles nombres de amantes del señor del Olimpo a sus satélites es lo más coherente con el insaciable apetito sexual que le valió su fama de lascivo.
Y también el nombre de Juno, celosa espía de su marido, es muy apropiado para la nave que lo explora. Después de cuatro siglos de poblar con nombres de affaires extramaritales del gran adúltero olímpico el campo gravitacional de este planeta gigante y gaseoso, justo es que su señora pueda ir a echarle un vistazo. Se completa así el cuadro celeste de la pasión conflictiva de esta pareja de dioses con Juno ahora ya en la órbita de Júpiter desde este mes y dispuesta a descubrir y a revelarnos los secretos que se esconden tras esas nubes. (M. Á.)

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